¡Hola a todos!
Mi nombre es Mario y actualmente estoy realizando mi voluntariado en Vilna, Lituania.
Mi aventura comenzó en un accidentado 10 de septiembre. Los vuelos que tuve que tomar para llegar a Vilna se retrasaron, haciéndome casi perder la conexión. Si soy sincero, no sé cómo logré no perder el vuelo en el aeropuerto de Milán; fue una cadena de eventos fortuitos que, no sé por qué, me hicieron creer que había “algo” detrás velando por mí.

Después de este caótico y estresante día, llegó el 11 de septiembre, posiblemente el peor día de mi vida, con diferencia. La soledad, el sentirme completamente extraño en un país diferente, con un ambiente, una arquitectura y un idioma completamente distintos, me hizo experimentar, por primera vez en mi vida, una sensación de soledad absoluta. Mi compañera de piso de entonces no fue en absoluto alguien dispuesta a ayudar, algo que hasta cierto punto esperaba, teniendo en cuenta que ella llevaba viviendo allí un año.

Por suerte, todo esto cambió cuando comencé a trabajar en el centro juvenil donde estoy haciendo mi voluntariado. El frío de Lituania no puede ni llegarle a los talones al calor humano de la gente que me acoge aquí. Daiva, mi tutora, es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Siempre vela por mi bienestar y se preocupa por mí cuando tengo mis “momentos” de debilidad. Augustė, coordinadora de mi centro, me ha ayudado y apoyado desde el primer día, siempre pendiente de que esté feliz y cómodo con todo lo que hago. Finalmente, Neli, o como yo la llamo, Noelia, mi mentora, se ha convertido en uno de mis pilares aquí. Fue la primera persona con la que pude ir a tomar algo, ir al cine o simplemente hablar y reír hasta no poder más. Gracias a ellas, poco a poco, mi experiencia aquí ha ido transformándose en algo único.

Pese a que los lituanos son conocidos por no ser muy abiertos o expresivos, como los españoles, puedo aseguraros que, cuando poco a poco los conoces y se abren contigo, son personas increíbles con las que no quieres dejar de hablar ni reír. Una prueba de ello fue mi cumpleaños, hace apenas unos días. Una tarta, escuchar “Cumpleaños feliz” y que se tomasen la molestia de buscar un pub español para ir a tomar algo después del trabajo han sido el regalo más bonito que me han hecho en la vida, y jamás podré expresar lo agradecido que estoy con ellos en palabras.

Después de dos meses aquí, la situación ha cambiado mucho desde aquellos, ahora lejanos, primeros días. Mi trabajo en el centro juvenil es gratificante y divertido. Ahora los jóvenes se sienten seguros y cómodos hablando conmigo, y yo me siento feliz haciendo reír a todo el mundo con mis bromas y sentido del humor. También he tenido la posibilidad de liderar algunas actividades, como en nuestro evento de Halloween, donde pude contar historias de terror españolas. Además, dentro de poco comenzaré a impartir clases de español de manera periódica en el centro.

También querría aprovechar para advertiros sobre la importancia de las organizaciones de acogida. Yo he tenido la suerte de encontrar una organización increíble que hace todo genial, pero he escuchado historias dramáticas de otros voluntarios en Vilna y Lituania sobre sus proyectos y condiciones de vida. Si podéis, intentad siempre contar con referencias de otros voluntarios o incluso pedid el contacto de la persona que ocupaba vuestro puesto antes que vosotros, porque, por desgracia, la agencia nacional lituana que se encarga de estas cosas no hará nada por vosotros si tenéis problemas.

Una de las cosas más importantes que he aprendido aquí es que la soledad da mucho miedo. El no tener un compañero de piso actualmente y no haber tenido mucho contacto humano fuera del centro ha sido muy duro. No obstante, quiero destacar la importancia de la figura del mentor y del On-Arrival Training. Este último me ha servido para hacer muchos amigos aquí en Vilna con los que ahora quedo regularmente. Además, tener una mentora que está disponible para lo que necesite, ya sea echarse unas risas o escucharme una y otra vez diciendo cuánto echo de menos todo lo que he dejado en España, es algo imprescindible 😊. Por eso, os pediría a todos aquellos voluntarios que vayáis a hacer voluntariados individuales que no os guardéis vuestros sentimientos ni lo que pensáis, y que, si podéis hablar con alguien, lo hagáis. También os aseguro que, aunque los primeros días o semanas sean duros, llegarán tiempos mejores.

Pese a todo, sé que lo “peor” aún está por llegar. Tal y como dirían en Juego de Tronos: “Se acerca el invierno”. Poco a poco, el sol deja de aparecer, pero no tengo miedo, porque sé que las personas que me rodean estarán conmigo cuando caiga, y me levantaré aún más fuerte. Todavía me quedan muchas experiencias por vivir aquí, gente que conocer y lugares que visitar, pero os puedo asegurar que formar parte de este proyecto en Lituania es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Mario.
