La oscuridad aquí es tan densa que no te permite ver más allá de un metro pero también es generosa y desvela más estrellas que nunca. Como el hombre que vive en la selva, camina sin ruido y no asusta a los animales, que permanecen tranquilos a su alrededor. La oscuridad de Coutances, Francia, el pueblo en el que ahora estoy haciendo mi voluntariado corto de dos meses, no asusta a las estrellas. Hay que ser valiente para caminar de noche por los alrededores de la casa en la que me hospedo. Pero no tengo miedo a tropezarme, ya me he aprendido un camino infalible que me permite confiar y mirar arriba mientras pongo un pie detrás del otro con seguridad.

La casa es propiedad de una pareja de personas mayores; agricultores y ganaderos. Los cerdos, las vacas y las ovejas son nuestros vecinos. Digo “nuestros”, porque vivo con tres compañeras voluntarias: Alkisti (Grecia), Daria e Irina (Rumanía). Entre nosotros, somos tan diferentes como los animales mencionados, diferentes experiencias vitales, diferentes culturas, diferentes valores, ideas de las cosas, opiniones y personalidades. A veces nos pisamos los territorios de unos y otros y se genera el conflicto. Es cierto. También es cierto que los cuatro somos lo mismo en esencia; si bien cada uno tiene su establo o su corral, todos vivimos en la misma granja, todos somos voluntarios, todos queremos causar una buena impresión y todos exclamamos:“¡Madre mía, cuántas estrellas!” cuando miramos hacia arriba sorprendidos, acostumbrados a cielos muertos y oscuridades corrompidas por la contaminación lumínica.

Trabajamos codo con codo para crear narrativas promovilidad a través del diseño de juegos y espacios inmersivos (decoramos una caravana como si fuera la casita de una abuela rumana). Vamos a colegios e institutos para cocinar postres caseros de distintos países y para responder a las interesadas preguntas de adolescentes sobre movilidad tras haber hecho dinámicas informativas con ellos y despertar su inquietud de viajar. En este proyecto estamos haciendo labores organizativas, creativas, instructivas y… físicas.

Los chantiers: concepto intraducible que se refiere a misiones de apoyo a la Guardia litoral de Normandía. Viajamos a distintas ciudades (como Granville, Cherburgo y la Isla Chausey) y sus alrededores para levantar vallas, cavar pozas para anfibios, eliminar plantas invasoras, etc. En definitiva, ponemos nuestro cuerpo y nuestras ganas al servicio de la conservación y estimulación de las biodiversidades locales. Para mí, estas misiones son la verdadera experiencia del proyecto: trabajo en equipo, movimiento, resultados visibles y naturaleza. Naturaleza. “Naturaleza”.

En 2022 se estrenó una película titulada Las ocho montañas. En ella, un niño de ciudad llamado Pietro viaja con sus padres a una casa de verano, situada en mitad del monte. Allí conoce a Bruno, un niño de campo, y se hacen grandes amigos. Treinta años después, los niños se han convertido en adultos. En una conversación que mantienen junto con unos amigos de Pietro en la casa de Bruno, uno de los amigos dice algo así como «qué tranquilidad se respira aquí, ¿cómo es vivir en la naturaleza?.» Bruno sonríe y responde algo como: «no entiendo esa palabra. Yo no sé si vivo en la naturaleza, para mí eso es un árbol, eso es una montaña, eso es una cabra y eso es una casa». Los amigos se le quedan mirando incómodos, no saben si les está vacilando. Spoiler: no les estaba vacilando.
Entiendo que haber nacido entre montañas y prados te aleja de nuestro concepto de «naturaleza» de niños de ciudad pero yo, siendo uno de ellos, ahora me encuentro en un punto privilegiado: estoy fascinado por la naturaleza de Normandía y, al mismo tiempo, estoy viviendo en ella.

Y eso es esta experiencia, vivir congelado en el maravilloso y efímero momento entre la novedad y la rutina. No me he acostumbrado a vivir aquí y me alegro mucho por ello: cada día es nuevo y trae nuevas sorpresas y cada noche es oscura e íntima cuando las nubes no tapan el cielo nocturno y podemos pasear los compañeros voluntarios esperando ver una estrella fugaz a la que pedirle un deseo.

Fotografía tomada con un iPhone 13 con cámara de 12 MP, con Smart HDR 4, Night mode, 100% Focus Pixels y cobertura de lentes Sapphire crystal. Se ve bien, ¿verdad? Pues toda esta tecnología no tiene nada que hacer con verlo con tus propios ojos, no te quedes con las imágenes bonitas, si puedes, ¡VIAJA! Desde aquí se ven muchas más estrellas.
Javier.



