¡Hola!
Me presento: me llamo Ana, tengo 27 años, soy trabajadora social y amo el cine. Pero lo más importante, y la razón por la que estoy escribiendo este artículo, es que soy un culo inquieto y me apasiona viajar.
Ahora mismo me encuentro haciendo un voluntariado en el sur de Italia, en una ciudad llamada Altamura. Una ciudad conocida principalmente por dos cosas: su impresionante catedral y su pan tradicional, promocionado por dos señoras mayores con más de medio millón de seguidores en TikTok. Por si tenéis curiosidad, se llaman @fornosantacatalina1306. Seguidlas, son lo más (publicidad no pagada, lo prometo… ¿o sí? ). 🤫
Pero volviendo al tema que nos concierne, me encuentro en este peculiar lugar porque tomé la decisión de lanzarme a la piscina y embarcarme en esta aventura que es ser voluntaria de la Unión Europea. Y, de momento, me está encantando.
Podría ponerme ahora a describir mi rutina, pero la verdad es que no la tengo, algo que a mi TDAH no diagnosticado le encanta. Me explico: soy voluntaria en un espacio multidisciplinar llamado Agorateca, que, en resumen, es una biblioteca comunitaria en la que pasan cosas constantemente: eventos, conciertos, talleres, charlas, presentaciones de libros…
Mis funciones principales son ayudar en la biblioteca, apoyar en la preparación de los youth exchanges, formar parte del staff en los eventos más grandes, realizar actividades con niños y, hasta hace poco, también daba clases de español en un instituto.
Lo sé, parece mucho… y lo es. Pero creo que solo puedes vivir la experiencia al máximo si pruebas todo lo que te ofrecen, y aquí hemos venido a jugar. Además, gracias a estas experiencias he conocido a personas maravillosas que espero que permanezcan en mi vida, y también he descubierto un país precioso como Italia, que me ha hecho sentir como en casa.
No voy a mentir: el principal motivo por el que opté por esta oportunidad fue porque creía que me ayudaría a calmar, en cierto modo, las inmensas ganas que tengo de descubrir y experimentar el mundo que me rodea. Pensaba que, una vez saciado ese apetito, podría volver a Madrid y asentarme en una «vida adulta de verdad», como veo hacer a muchos de mis amigos.
Pero la vida nunca es como la planeas y me temo que esta experiencia ha tenido justo el efecto contrario. Ahora tengo más claro que nunca que quiero seguir explorando este mundo y profundizando en todo lo que tiene por ofrecer.
Aunque la parte positiva es que creo que he encontrado mi sitio. Me apasiona lo que hago y el hecho de haber descubierto un trabajo que une el ámbito social con la posibilidad de conocer gente y viajar me parece increíble.
Creo profundamente en lo que se hace en este tipo de proyectos: en los objetivos que persiguen, en los valores que intentan transmitir y en las comunidades que se crean a su alrededor. Quiero seguir formando parte de estos espacios que te hacen sentir libre, valiente y acompañado.
Proyectos como el voluntariado o los youth exchanges me parecen una oportunidad única para conocerte, reevaluarte y evolucionar. Consiguen que te abras al mundo sin miedo y sin vergüenza.
Sinceramente, ojalá hubiera conocido esta oportunidad cuando era más joven, porque creo que me habría ayudado a convertirme antes en una persona más segura y con las ideas más claras sobre lo que quería en la vida.
Así que, en mi opinión, si te lo estás pensando, lánzate a la piscina y sorpréndete de lo mucho que puedes aprender a nadar (esta publicidad tampoco ha sido pagada).
P. D. Si vas a hacer un voluntariado en Italia, debes saber que la gente se saluda con dos besos, pero lo hacen de derecha a izquierda, no de izquierda a derecha como en España. Lo digo porque, si no lo sabes, es posible que acabes dándote un morreo accidental con un desconocido. Y no es un momento especialmente cómodo, la verdad… o eso me han contado. Aunque bueno, nunca se sabe; algunas historias de amor han tenido comienzos más extraños.
Un abrazo,
Ana ❤
Ana. Altamura, Italia 08.06.2026
