El 2 de octubre de 2024 empezaría una nueva etapa en mi vida, durante 6 meses mi hogar y mi familia se trasladaría a casi 2000 km de distancia, concretamente a Senigallia que es una pequeña ciudad costera que pertenece a la región de la Marche.
Este proyecto de la fundación Cáritas me permitió vivir una de las experiencias más increíbles e inolvidables de mi vida. Aquí, trabajé con personas inmigrantes y refugiadas, en un centro de acogida así como participando en un proyecto de integración y también como persona de apoyo para niños y niñas de familias inmigrantes con las tareas escolares.

El conocer a tantas personas, todas con historias únicas, reflexionas sobre una realidad que no queda lejos de nadie, sobre una realidad dura y a la vez esperanzadora. Son miles y miles de personas las que se encuentran en una situación de inmigración complicada, y el poder aportar mi granito de arena en su integración en la nueva comunidad a la que llegan me ha hecho sentirme muy feliz y llena. Muchas veces surgen las frustraciones por sentirse incapaz de ayudar eficazmente a las personas que más lo necesiten pero la realidad es que, un simple abrazo, una simple sonrisa, puede hacer el día más bonito a alguien. Los pequeños detalles importan y, los voluntarios y voluntarias aportamos una visión nueva y fresca a sus vidas. Esto me ha hecho darme cuenta de lo importante que es encontrarte con gente nueva que tenga nuevas cosas que contarte, nuevas incertidumbres, estilos de vidas, ideales… El voluntariado se basa en eso, en intercambiar y compartir y yo, sin duda alguna, me llevo un trocito de cada una de las personas que he conocido en este medio año conmigo.

La convivencia ha sido otro de los aspectos claves de este voluntariado, tuve la maravillosa suerte de compartir esta experiencia con tres personas increíbles y de las que he aprendido mucho. Después de una jornada, la comida juntos, las charlas interminables sobre mil temas diferentes, las noches de cartas, viajes, risas, lloros… Todo lo que vives es muy intenso y conoces a las personas con las que compartes la experiencia desde una perspectiva muy humana y real. Cada uno con sus más y sus menos, pero al final, creando una familia de distinta sangre, ese tipo de familia a la que no dejarás de echar de menos ni un día.

Nunca olvidaré lo feliz que me hizo los coffee-breaks con Michele, las “mentoring” con Nayra que se convirtieron en el mejor momento de cada semana, la risa de la pequeña Giulia y Marina,la dulzura de Isra, las lecciones de italiano de Alessia, el viaje en coche con “el abogado” y Luca, el afecto de Antonella, los desayunos, comidas y cenas, además de su bonita amistad y cariño, de Vittoria, Maddalena, Eleonora, Luca P y Leonardo, todos y cada uno de mis niños y niñas de Rondini… Los paseos nocturnos y el apoyo constante de Luca M, sin él nada hubiera sido igual, y los abrazos de buenas noches de Lise, Leo y Ben, mis hermanos de otra sangre, os tengo siempre presente.

El voluntariado con ESC es una experiencia que recomiendo a todo aquel que tenga ganas de conocer gente, con una mentalidad abierta a los cambios, a las nuevas culturas y con ganas de no dejar de aprender, sin duda es una etapa de mi vida que llevaré con mucho cariño siempre dentro de mi.
Claudia Cañizares Martín.



