¡Hola! Soy Alberto y tengo 23 años. Estudiante de física y, desde hace una semana, amante de los voluntariados. Cuando me decidí a realizar un voluntariado en mitad de los Pirineos Franceses no me esperaba disfrutar tanto como lo he hecho. Ha sido mi primer voluntariado y ha superado cualquier expectativa.
Elegí este voluntariado por mi pasión por la naturaleza. El entorno era inmejorable. Jurvielle, un pueblo de 23 habitantes en el todos se conocen y disfrutan de la tranquilidad del entorno. Un entorno rodeado de montañas coloreadas con todos los tonos de verde que existen en el planeta. Tonos verdes bañados por lagos y ríos de agua cristalina. Olvidarse de las preocupaciones y de las necesidades que se crean en las grandes ciudades aporta mucha paz. Recuerdo a Paco, un abuelo español viviendo allí y que con más de 65 años sigue subiendo montañas como cuando era un chaval. Nos acompañó en varias rutas, compartiendo su conocimiento de la zona. O al alcalde del pueblo, que trabajó junto a nosotros como un voluntario más. Incluso el vecino, Vicente, al acabar la experiencia me ofreció su casa en caso de que quisiese pasar unos días allí en otra ocasión. Qué pena que se nos haya olvidado lo fácil que es crear una cadena de acciones desinteresadas y generosas, más gratificantes que cualquier paga a final de mes.
Por supuesto, nunca es fácil salir de casa para vivir durante un tiempo con un grupo de personas que no conoces y que no te conocen. Es inevitable sentir miedo, pero el miedo desaparece cuando llegas a tu destino y comienzas a interactuar con otros jóvenes que sienten el mismo miedo que tú. Supongo que, si siempre sientes miedo, debes hacerlo con miedo.
De hecho, esta oportunidad ha sido una de las experiencias más gratificantes que he podido vivir. Siento que es una de las mejores vías, ¡y más baratas!, para conocer gente y aprender distintas culturas. Al final es una convivencia con jóvenes de cualquier rincón del viejo continente con distintas costumbres, religiones y experiencias vitales. Incluso he enterrado algunos de los estereotipos que tenía sobre las distintas culturas. Al final te das cuenta de que sus rutinas, sus comidas o sus familias son muy distintas, pero la manera de sentir emociones es la misma.
Alberto. Jurvielle, Francia. 2.07.2026
